El tono de mi existencia

 ¿De qué color es mi piel?, un día me pregunté.

¿Seré blanca? ¿Seré morena?
¿Seré la werita del mercado o la prietita del Estado?
“No eres wera”, me dijo un día una señora.
“No eres morena”, me soltó un señor.
¿Entonces qué color soy?

La duda de mí se apoderó.
Me vi en el espejo 168 horas, intentando descifrar el Pantone.
¿De qué color desciende el mío? No lo sé.
No lo encontré en ninguna paleta, en ningún código, en ninguna definición.

Pero un día, un hombre me miró y me dijo:
"Eres como el atardecer más naranja de la costa.
En tu piel están los rayos del sol.
No eres wera, no eres morena.
Eres color atardecer".

Y en ese momento entendí.
No hay definición abrupta ni precisa para un color de piel.
Somos mezcla, somos historia,
somos como la tierra después de la lluvia,
como el café de la mañana,
como la nube esponjosa en un cielo claro,
como la noche y como el día.
Simplemente, somos.

Y ahora, cuando alguien me pregunta de qué color soy,
respondo sin miedo:
soy color raíz, color viento, color camino.
Soy el tono que no necesita etiqueta,
la herencia que se lleva en la piel y en la mirada.
Soy todos los colores que me nombraron antes,
y también los que aún están por descubrirse en mí.





 De este lado del universo, Beth ✨


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