La distancia no sabe de amor

 

Se me desmorona el alma cada vez que me das la espalda.
No hablo de abandono,
hablo de esas veces en que tienes que partir,
de cuando la distancia se interpone y nos impide estar siempre juntos.

Sin embargo, esta lejanía nunca ha sido motivo para dejar de amarnos.
Hoy, con los ojos vidriosos, vengo a escribir estas palabras.
Acabas de irte… pero sé que volverás.

Hemos desafiado cada obstáculo que podría habernos separado.
Nos hemos aferrado con fuerza a este amor que florece, incluso en la distancia.
Muchos me dijeron que un amor así no es real.
Todos estaban equivocados.

Eres lo más auténtico que ha llegado a mi vida.
Jamás amé con esta pureza,
y jamás fui amada con tanta ternura.
Tus ojos, llenos de agua salada cuando me hablas de lo que sientes,
son prueba suficiente para este corazón que aún cree en lo imposible.

Hoy te vas,
después de diez noches a mi lado,
cuidándome de mis pesadillas,
arrullándome entre tus brazos.

Tienes que partir,
porque así lo dispuso la vida,
porque fuimos hechos para estar juntos, incluso separados.

Mi alma vuela contigo.
Mi pensamiento te pertenece todos los días.
Cualquier cosa bella me lleva a ti:
el viento,
el atardecer en mi playa,
las estrellas que se asoman en mi noche.

Estás en todas partes,
porque yo soy de ti, como tú de mí.

Porque se me desmorona el alma cuando te vas,
pero se reconstruye cuando me amas.

Porque nada puede quebrar lo que nace desde el alma.
Y si te esperé toda una vida,
puedo esperarte unos días más…
para volver a nacer entre tus brazos.




De este lado del Universo, Beth✨.





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