Serendipia
Serendipia: el hallazgo fortuito de algo invaluable que jamás buscaste.
En lo más extraviado de la existencia,
allí donde ni el sol se atreve a asomarse,
donde la oscuridad no se mide por su sombra,
sino por la total ausencia de luz,
en ese rincón ignoto,
en el umbral de los enigmas sin resolver,
yacía mi corazón: desprovisto de esperanza,
exánime, errante, perdido en sí mismo.
Durante largo tiempo busqué más allá del horizonte,
pero la mirada humana es esclava de su propio entendimiento,
atrapada en los barrotes de un cerebro prodigioso
que, en su máxima expresión,
bien podría impulsarnos a volar.
Exhausta y sin expectativas,
cedí —con cautela y una pizca de temor—
a las enigmáticas invitaciones de un desconocido.
Y así, tras un largo intervalo de ser tan solo una idea flotante,
estábamos frente a frente.
El uno ante el otro:
tangibles, reales, despojados de toda ficción.
Las idealizaciones, aquí, no tienen cabida.
No jugamos a ser lo que no somos.
Somos —y eso es todo.
Y como ocurre con la más sublime serendipia,
no esperaba nada… y tú me lo diste todo.
No pedí paz, y sin embargo, tú la derramaste sobre mí
como un río silente que lo inunda todo.
Cada instante contigo se transforma en recuerdo,
y cada recuerdo, en secuencia de nuestra propia película de amor,
una cinta que comienza a rodar al compás de una canción,
esa que el universo parece haber compuesto para nosotros.
De este lado del Universo, Beth ✨

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