Lo que sé
Templanza: cualidad humana que induce a hacer o usar las cosas con moderación.
Consigo desprenderme de mis pensamientos
como el humo de un incienso que enciendo para armonizar el entorno.
Logro manifestar mi luz como una vela en un cuarto sombrío:
ilumino y perfumo con la misma intensidad
que aquellos cigarrillos encendidos para calmar la ansiedad.
Busco respuestas en el viento,
y fijo la mirada en el horizonte
como quien anhela equilibrio,
como quien implora la templanza que aún le falta
para no reincidir en la trampa de idealizar
a quien —según mis expectativas— merecería encajar.
Inclino la mirada, como si me ocultara de alguien,
pero en realidad solo observo mis pies,
preguntándome si aún tocan la tierra
o si, una vez más,
me estoy desprendiendo de mí misma,
soñando al menos con los matices
de aquello que deseo encontrar en ti.
Despierto, y el sol aún no ha salido.
Desaparezco.
Y al volver en mí, descubro que el sol se ha ocultado nuevamente para mí.
Debo perderme un día para volver a encontrarme,
y solo reencontrándome sabré cómo volver a perderme.
¿Dónde estoy?
Todavía no me hallo.
Y si yo no estoy, tú tampoco puedes existir.
“Mañana”, decimos todos con seguridad,
cuando el día no nos alcanza para concluir lo pendiente.
¡Qué arrogancia la nuestra!
Mañana no existe.
Tampoco el horizonte.
Y, sin embargo, ahí estoy yo,
creyendo que el cigarro me durará toda la noche
mientras observo el horizonte de mis pensamientos,
esos que no me permiten ser como el humo
y simplemente disiparme…
en este delirio llamado vida.

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